Francesc Arabí, Valencia
Los socialistas valencianos no ganaron ayer las elecciones porque
eso habría sido un milagro, dado que se enfrentaban, más que a un
partido, a un régimen llamado PP. Pero el PSPV recuperó la
"autoestima", que diría la vicepresidenta del Gobierno y candidata
por Valencia María Teresa Fernández de la Vega. Menos de nueve meses
después de ser arrasado en las autonómicas y municipales del 27 de
mayo, el PSPV se jugaba el poco crédito que le quedaba, a rebufo de
tres de sus valores más seguros: De la Vega, Bernat Soria y Jordi
Sevilla. Y todos salvaron los muebles: el partido y los candidatos.
Porque el socialismo valenciano logró contribuir y no lastrar la
victoria del PSOE. Lo subrayó el propio presidente de la gestora,
Joan Lerma, a eso de las 23 horas, desde la tarima ubicada en la
calle: "Después de una de las más duras derrotas, hemos remontado
claramente y empezamos a hacer una aportación importante para que
Zapatero gobierne en España y siga cumpliendo los compromisos con
esta Comunitat, que hemos redoblado en esta campaña". Minutos antes,
lo subrayó el responsable de organización, Alfred Boix, quien
compareció con Vicent Sarrià. Agradecieron a "toda la militancia" el
esfuerzo de campaña, que esos detalles hay que cuidarlos cuando se
camina hacia un congreso. Lerma se acordó también de los cabezas de
lista: "han hecho un gran trabajo". Ante un público entregado
vitoreando a Za-pa-te-ro, sentenció: "Esta victoria es una gran
noticia para los valencianos porque beneficia las políticas de
progreso". Lerma afirmó que las instituciones "han de colaborar" e
instó al Consell a "dejar de boicotear".
De la Vega estaba en Madrid
Aunque son citas que se mueven por distintos parámetros, los
socialistas partían con una distancia abismal respecto al PP en las
autonómicas: 18,3 puntos y 438.471 votos en toda la Comunitat, que
en la provincia de Valencia fueron 21,4 puntos y 284.199 votos. A
falta de completarse el escrutinio, los socialistas lograron ayer
mantener los 14 escaños logrados en 2004: 7 en Valencia, 5 en
Alicante y 2 en Castelló. Gracias a que remontan seis puntos en la
Comunitat (rozaban el 41%), que son cinco en Valencia. El de ayer
fue el segundo mejor resultado de las últimas dieciséis citas del
PSPV con las urnas.
Es tanto el fatalismo que impregna al socialismo valenciano que en
2004 no pudieron celebrar nada porque se guardaba luto tras el mayor
atentado de la historia. Ayer, aunque el recuerdo del compañero del
PSE Isaías Carrasco, asesinado por ETA, flotaba en el aire, se
celebró el resultado. Vaya que sí. Fue una fiesta tan particular que
la estrella, De la Vega, no estaba porque tuvo que atender en Madrid
sus obligaciones de vicepresidenta. Hoy viene a valorar los
resultados. A última hora de la noche, bajo la enorme pancarta
desplegada por las Juventudes Socialistas desde la azotea de la sede
con un "No ens has fallat" (dirigido a Zapatero) se escuchó por
megafonía la voz de la vicepresidenta y el público aplaudió a
rabiar.
Mientras la noche avanzaba, los ánimos iban bailando entre la
euforia y la alegría. Porque hubo un momento en que el marcador era
173-136 en España y 18-15 en la Comunitat. En la cuarta planta, la
noble, Joan Lerma seguía el recuento solo en su inmenso despacho. En
las dependencias de al lado, Boix y Sarrià, hacían lo propio. Como
si estando más concentrados, mejorara el resultado. En la Sala de
Juntas, seguían el escrutinio los candidatos (Ferran Bono, Joan
Calabuig, Carmen Montón, Ciprià Ciscar, entre otros)y algún ilustre
sin cargo como Ignasi Pla. Eran casi las diez cuando empezó a correr
el cava en la cuarta. Con el 168-154 en el tanteador. A pie de
calle, al abrigo de unas haimas, los militantes y agregados seguían
por la tele los resultados y vitoreaban los éxitos del PSC o de los
socialistas andaluces, que sólo saben ganar.
A 22 horas, Joaquín Sabina y Ana Belén dictaminaron que había que
defender la alegría a grito pelado. No era para menos. Algunos de
los 176.000 nuevos votantes tenían un añito la última vez que el
PSPV ganó unas elecciones. Fue en 1991. Y desde entonces, la vida
del socialismo valenciano ha sido una concatenación de desgracias.